LOS RAYOS CÓSMICOS EN LA INVESTIGACIÓN DE LAS PIRÁMIDES
La compleja realización de este proyecto, y su alto costo, muestran la importancia que hoy se atribuye en el mundo científico a la investigación de las pirámides.
La primera propuesta para la utilización de los Rayos Cósmicos en la investigación piramidal apareció el 19 de marzo de 1965 en la “Lawrence Radiation Laboratory Physics Note 544″ bajo ia firma del físico (Premio Nobel) profesor L, Alvarez. Esta proposición de Alvarez tenía como base la invención, realizada poco tiempo antes, por Pérez Méndez (Nucí. Instr. Meth. 1965) de una “cámara de chispas” (sparck chamber) con un sistema de registro automático conectado a una computadora digital. Como lo consigna el propio Alvarez (”Search for Hidden Chambers in the Pyramids, Science,’ vol. 167 p. 832, 1970) esta invención de Pérez hizo factible el proyecto de una radiografía de las pirámides utilizando los Rayos Cósmicos. Esto se comprende fácilmente si se tiene en cuenta que en total se computó el pasaje de más de un millón de “muones” cósmicos, cada uno de los cuales estaba representado por un conjunto numeroso de números indicativos.
Como es sabido, los protones de alta energía que circulan el espacio al chocar en la atmósfera con las moléculas del aire generan una radiación penetrante (”dura”) en la que los Mesones Mu, o “muones”, constituyen el 75 % del total de la radiación cósmica que llega a la superficie de la Tierra. Esta radiación penetra centenares de metros de roca y por ello es posible utilizarla para la obtención de una “radiografía de las pirámides”.
En una radiografía corriente hecha con Rayos X, se tiene una fuente única de rayos, de modo que los puntos claros y oscuros de la placa radiográfica son la indicación unívoca de una traza de los elementos de cualquier objeto considerado (el cuerpo humano por ejemplo). En el caso de la radiografía con Rayos Cósmicos se presenta la dificultad de que estos rayos aparecen viniendo de todas las direcciones del espacio. De ahí la necesidad de superponer varias cámaras de registro que permitan determinar la dirección y trayectoria de los “muones”. Lo que se logra mediante la superposición de dos cámaras de chispas intercaladas entre tres cámaras de destellos (scintillation chambers) que disparan los registradores de las cámaras de chispas. Había, además, una computadora encargada de los registros.
Los datos comenzaron a ser procesados con la computadora IBM 1130 de la “Universidad de Eim Shams” (El Cairo) y la tarea fue finalizada con la CDC 6600 del Lawrence Radiation Laboratory (Berkeléy).
El desarrollo del proyecto costó alrededor de trescientos mil dólares, gran parte de los cuales fueron obtenidos de la U. S. Atomic Energy Commission gracias al apoyo incondicional del Dr. Glenn T. Seaborg. El resto fue sufragado por la R. A. U. y la Smithsonian Institution. Un total de cincuenta científicos árabes y estadounidenses intervinieron en el proyecto.
El método de Álvarez ofrece importantes perspectivas para el futuro de la exploración arqueológica, en cuya tarea ya se aplican diversos métodos físicos tales como la datación con Carbono Radiactivo, la determinación de la conductividad eléctrica del suelo —que ha permitido descubrir numerosas tumbas de la civilización etrusca— etcétera.
En Egipto se conocen pirámides macizas, como la de El Kola, Nagada, etc., que no tienen galerías ni siquiera en el subsuelo, que es el caso de la pirámide de Kefrén. Estas pirámides macizas han sido hasta ahora un misterio arqueológico, pero el método de Álvarez de exploración piramidal permitirá develarlo. Lo mismo puede decirse de las pirámides mexicanas de las que hasta ahora tan sólo una ha mostrado la presencia de galerías (Pirámide de Palenque).
En cuanto a los resultados obtenidos hasta ahora en el estudio con rayos cósmicos de las pirámides, puede afirmarse que la pirámide de Kefrén es maciza, sin galerías interiores a su estructura; lo cual la coloca en oposición a la pirámide de Kheops que tiene cámaras y galerías numerosas en su interior.
Sin embargo la operación en la pirámide de Kefrén no está terminada. Como se consigna en el número de febrero 1970 de “Science” (publicación de la “American Association for he Advancement of Science”) queda aún un 70 % por explorar antes de que pueda darse un veredicto definitivo.











