LA ARQUEOLOGÍA DE LAS PIRÁMIDES

LA ARQUEOLOGÍA DE LAS PIRÁMIDES

El Complejo Piramidal
Dice el arqueólogo W. Müller (78) en sus estudios sobre la pirámide de Khmer (Cambodya-Indochina) que un monumento arqueológico no puede ser estudiado en sí mismo como una pura creación arquitectónica sino que es precisa su consideración asociándolo a los elementos circundantes y también a las circunstancias culturales del pueblo que lo erigió ya que su “estructura histórica” tuvo pleno significado para dicho pueblo, formó parte de su vida pública, sus festividades y su concepción religiosa del mundo y de la vida.
En el caso de las pirámides de Khmer es dable observar que aparecen como pirámides gradadas con su base cuadrangular orientada según los cuatro puntos cardinales y asociadas a un complejo estructural constituido por: 1) Un muro de encierro rectangular de grandes dimensiones orientado según los cuatro puntos cardinales. 2) Un templo situado en la cúspide de la pirámide. 3) Caminos de acceso que parten de puertas ubicadas en el muro. 4) Un lago que en las inscripciones aparece denominado “el mar” y en el cual la pirámide constituye una isla. Históricamente, la pirámide se vincula a la cópula del rey con la diosa Nagy que lo visita en la primera vela de la noche, luego de lo cual aquél desciende a cohabitar con sus concubinas.
La pirámide de Khmer -como las pirámides egipcias- tiene un nombre cuyo significado explica una inscripción del ángulo N-O del muro: “Angkor es la joven esposa del Rey que él acaba de llevar a su casa ruborizada de deseo y vestida de mar”.
En cuanto al análisis de estas estructuras nos llevan, dice Müller, a una concepción del mundo de muy antigua data en la que “el mundo” lo constituye la isla y lo que se prolonga más allá del lago corresponde al trasfondo de dicha cosmogonía ancestral.
El estudio arqueológico de las pirámides de México nos revela la misma asociación en el ordenamiento de sus elementos arquitectónicos. En México, como en Cambodya, la pirámide gradada de base cuadrangular orientada según los cuatro puntos cardinales sostiene un templo en la cúspide y se sitúa en una isla que lleva por canales a la pirámide ubicada en su centro y rodeada por un muro rectangular. En la relación de Hernán Cortés a Carlos V tenemos una descripción completa de la pirámide de Tenochtitlán (hoy, México, D. F.) que se alzaba en el centro de la isla lacustre asiento de la capital mejicana. Sus elementos estructurales fueron los mismos que hemos señalado para las pirámides de Cambodya y constituyeron el prototipo de todas las pirámides americanas, tanto de México como de Guatemala (78), Salvador (49), Bolivia (Tiahuanaco) y Perú donde se conservan muy bien las de Mochica-Chimú . En particular, la pirámide de Sihuatán (Salvador) presenta un marcado parecido con la protopirámide del rey Zoser en Sakkara (Egipto). Como cuestión de importancia corresponde señalar que se han encontrado en México pirámides con galerías interiores en las cuales ha sido posible descubrir el esqueleto de un rey (78) enterrado en conexión con atributos asociables a la ceremonia de Babilonia y Egipto de la “apertura de la boca”.
Conocemos poco de las ceremonias que se desarrollaban en estas pirámides americanas pero se sabe estaban asociadas a la muerte y resurrección del “Daimón” del Año, simbolizado por un joven que moría y era comido en un acto de Teofagia colectiva justamente en la época en que los españoles celebraban la Pascua con su Eucaristía de Teofagia simbólica.
Antes de pasar al estudio del complejo piramidal egipcio corresponde mencionar la circunstancia -estudiada en años recientes por arqueólogos y geólogos soviéticos (Jaguemeister)- de que la referida relación de Hernán Cortés coincide en todos sus elementos con el relato del sacerdote de Sais -mencionado por Platón en el Critias y el Timeo- que diera origen a la famosa leyenda de Atlántida. Los arqueólogos soviéticos observan que no puede tratarse de una simple coincidencia cuando tantos elementos estructurales se muestran en perfecto paralelismo en ambas, narraciones. Naturalmente, observan dichos arqueólogos, se presenta la posibilidad de que Hernán Cortés tuviera conocimiento del Timeo, pero esto no resuelve el problema pues lo que Hernán Cortés describió lo ha confirmado la arqueología posterior. En consecuencia, los arqueólogos soviéticos sugieren que ello puede ser una prueba de realidad para la Atlántida platónica.
Sin embargo, se pueden buscar otras explicaciones para estas coincidencias observando la presencia en el citado pasaje del Timeo de muchos elementos de indudable origen egipcio como por ejemplo la afirmación de que las piedras constituyentes de la legendaria Atlántida fueron de color blanco, rojo y negro que son, precisamente, los tres colores característicos de las construcciones egipcias; el juramento de los funcionarios atlantes ante una pequeña columna de piedra que nos hace recordar el pilar sagrado de Heliópolis -el “Yom” (22) que diera el nombre egipcio a aquella ciudad reproducido en la Biblia como “Om”- y finalmente la propia conformación del “complejo piramidal” egipcio nítidamente reproducido en la descripción platónica. Es dable observar, por otra parte, que este género de disposiciones estaba muy extendido en el mundo antiguo pues los propios judíos reprodujeron en el Templo de Salomón la configuración de los “Ziggurats” (83) en el famoso altar, y el “mar de bronce” con una designación muy sugerente.
La similitud de los monumentos de Egipto, América Precolombina e Indochina podrían encontrar su explicación en conexiones entre dichas culturas. Actualmente tiende a aceptarse esto aunque los arqueólogos están en desacuerdo sobre las vías de tal conexión. Algunos (Ibarra Grasso, Canals Frau) (20) afirman una conexión egipcio-americana vía India, mientras otros (49) prefieren ver una relación vía Atlántico por obra de marinos fenicio-cretenses del siglo XV a.C.
Nos queda por analizar la disposición de los Ziggurats de Babilonia, el más famoso de los cuales fue la Torre de Babel (84). El ziggurat típico consistía en varias torres cuadrangulares una arriba de otras, pintadas de diferentes colores. Se orientaban de acuerdo a los puntos cardinales según sus diagonales y tenían en la parte superior una habitación sobriamente decorada con sólo un lecho en el cual, en la noche una sacerdotisa, según Heródoto (48), cohabitaba con el dios Marduk en persona. Es de observar el parecido que presentan los ziggurats con las pirámides de Indochina, América y también con las egipcias de Meidum y Sakkara.
Al pasar a ocuparnos de las pirámides egipcias no será necesario decir que tenían la misma disposición standardizada de las pirámides de América y de Indochina. Las pirámides egipcias estaban rodeadas del clásico muro cuadrangular y acompañadas de pirámides auxiliares cuya función no ha sido aclarada ya que -según Fakhry (34)- en ningún caso han servido de tumbas. Dentro del recinto rectangular se ubicaban varios templos destinados a diversas ceremonias y, al igual que algunas pirámides mexicanas, poseían casi siempre galerías subterráneas con cámaras en las que eran enterrados los faraones que las construían. Un camino, algunas veces cubierto -Camino Real- unía la pirámide con el “Templo del Valle” que era el punto de acceso de los cortejos ceremoniales. Era un imponente camino que en el caso de la gran Pirámide fue -según Heródoto (48)- una obra tan importante como la propia pirámide. Junto a la pirámide se cavaban en la roca agujeros en forma de barcas destinados a encerrar las “barcas solares” generalmente en números pares. El “Templo del Valle” era el desembarcadero a donde llegaban, obligadamente en botes, los participantes del cortejo fúnebre; en otros casos, un canal llegaba hasta la propia pirámide (Meidum). La asociación del agua con las pirámides es constante en Egipto a pesar de las circunstancias topográficas desfavorables. Los ceremoniales incluían un obligatorio viaje por agua para llegar a las pirámides y Heródoto habla, incluso, de lagos asociados a la Gran Pirámide que los arqueólogos no han podido descubrir.
Estas distintas disposiciones piramidales muestran ciertos nexos que implican conexiones históricas lejanas. Muchos arqueólogos han negado estas posibles conexiones argumentando que las pirámides mexicanas no tuvieron galerías interiores ni sirvieron de tumbas. Esto puede hoy rebatirse por los recientes descubrimientos arqueológicos (78) de pirámides mexicanas con dispositivos fúnebres similares en un todo a los egipcios. Además se conocen pirámides egipcias que no poseyeron cámaras ni galerías (pirámides de El Kola, Nagada, Deir el Bahri, etc.).
Se ha negado también la posible relación entre las pirámides egipcias y los ziggurats babilónicos aduciendo que aquellas se orientaban según los puntos cardinales de acuerdo a los lados y éstos en relación a sus diagonales. Pero la pirámide egipcia de El Kola se orienta según las diagonales colocadas en la dirección cardinal.
Es dable ver una relación entre los Ziggurats y las pirámides de Cambodya por la ceremonia de cohabitación del personaje real con un ente divino que tiene el mismo contenido en ambos casos. En cuanto a la estructura arquitectónica, las pirámides de Cambodya se vinculan directamente a las mexicanas y éstas a las de Egipto. Es posible que escenas de cohabitación del tipo babilónico-cambodyense se desarrollaran tanto en las de México como en las de Egipto pero de esto no sabemos nada. Con todo, será importante para los estudios futuros tener en cuenta estas correlaciones que podrían sugerir posibles funciones ceremoniales asociables a las pirámides de Egipto que por el momento nos son desconocidas.